Según France 24 y CBS News, testigos de la defensa, incluido el exesposo Patrick Clancy, responsabilizan a los servicios de salud por su insuficiencia y la ausencia de un diagnóstico oportuno, señalando que la mujer había suplicado ayuda durante meses antes del desenlace fatal.

Según France 24, el caso de Lindsay Clancy regresó al tribunal de Plymouth, Massachusetts, el 29 de septiembre, bajo la presidencia de William Sullivan, para decidir el futuro del proceso; la votación concluyó 11‑1, con un solo jurado que no se convenció de la absolución que apoyaba la mayoría.

Según France 24, la defensa presentó un giro inesperado al argumentar que no existen pruebas suficientes de que la mujer de 36 años mató a sus hijos, mientras sostenía que ella estaba inmersa en un episodio de psicosis posparto, un trastorno raro que afecta a uno o dos de cada mil nacimientos y se manifiesta con alucinaciones, delirios, insomnio severo y paranoia.

Según France 24, al momento de producirse las muertes, Clancy, ahora confinada a una silla de ruedas tras un intento de suicidio, estaba bajo un tratamiento de 13 prescripciones diferentes, tras 30 cambios en dosis y combinaciones de antidepresivos, antipsicóticos, tranquilizantes y anticonvulsivos.

Según France 24, Clancy informó a familiares, amigos y varios especialistas que, en citas de telemedicina de apenas 20 minutos para un trastorno que normalmente requiere internación psiquiátrica y separación de los menores, escuchaba voces y experimentaba pensamientos intrusivos.