El evento se enmarca en una relación larga y personal que el escritor italiano-ecuatoriano sostiene con la República Dominicana, un vínculo que trasciende la literatura y remonta a sus inicios en la televisión.

Según contó el propio escritor, visitó Santo Domingo centenares de veces a lo largo de su vida. Cuando tenía entre veinte y veintisiete años, un canal dominicano lo contrató para conducir un programa sobre política internacional que, contra todo pronóstico, tuvo éxito y terminó siendo vendido. Durante esos años recorrió la geografía del país en autos de alquiler y descubrió sus costas casi siempre a solas. Recordó también con retranca los aviones de la antigua Dominicana de Aviación que tomaba desde Miami o San Juan, aeronaves en estado tan deficiente que subirse a ellas era, según su descripción, jugarse la vida.

El vínculo con la República Dominicana se consolidó tras una anécdota que cambió su trayectoria profesional: una pregunta dirigida a un nuevo presidente de la nación le costó el puesto en un canal de televisión en Lima, pero al mismo tiempo le abrió las puertas de una oferta mejor remunerada en Santo Domingo. Así, durante siete años vivió alternando entre la capital dominicana, Miami y Lima, ganando dólares en efectivo y haciéndose conocido, o hasta famoso, en varios países de la región.

Su historia con el deporte y la política peruana no fue siempre pacífica. Tras un roce con un escritor peruano que calificó de genial, Bayly publicó un artículo alegando que la postulación de un expresidente a un tercer mandato era contraria a la letra y al espíritu de las leyes. La tensa relación con ese colega terminó de repararse años después en la Feria del Libro de Guadalajara, donde el escritor peruano ofreció una exhibición teatral de relatos fantásticos que sorprendió por la asombrosa precisión de su memoria.